La mitad de la Amazonía podría sufrir alteraciones irreversibles e incluso desaparecer en 2050, concluye un equipo internacional de investigadores tras evaluar los umbrales críticos que pueden provocar cambios profundos en la región y empujar al bosque tropical más grande del mundo a un punto de «no retorno» que repercutirá en el clima global de la Tierra.

Los resultados del trabajo, liderado por la Universidad Federal de Santa Catalina (Brasil) y en el que participaron expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) español, aparecen hoy en la revista Nature, y entre las conclusiones más alarmantes destaca una: dos de esos umbrales, los correspondientes a los niveles de deforestación y a la degradación del bosque amazónico, ya se han sobrepasado.

Las potenciales alteraciones van a depender de cinco factores principales -el aumento de la temperatura; la disminución de las precipitaciones; el aumento de la temporada seca; la intensidad de la estacionalidad de las lluvias; y la deforestación- relacionados todos directa o indirectamente con el cambio climático, y traspasar el punto de inflexión en cada uno de ellos puede provocar cambios locales y sistemáticos en la Amazonía.

Pero los investigadores incidieron en que la desaparición de los bosques amazónicos influiría en la regulación climática del planeta, así como en la pérdida de diversidad biológica y cultural a nivel global.

El trabajo que realizaron los científicos, coordinados por el brasileño Bernardo Flores, es fruto del primer informe científico sobre esta región, que se lanzó en la COP de Glasgow en 2021 a instancias del Panel Científico por la Amazonía, una iniciativa auspiciada por la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.

Los investigadores constatan en Nature que la selva amazónica alberga el 10 por ciento de la biodiversidad del planeta, almacena carbono equivalente a unos 20 años de las emisiones de la Tierra y es responsable de un efecto de enfriamiento neto que ayuda a estabilizar el clima global.

Para llegar a sus conclusiones, los científicos utilizaron registros históricos (que abarcan unos 65 millones de años), modelos climáticos y datos de observación de los últimos cuarenta años -observaciones por satélite de la propagación de los incendios forestales, la cobertura arbórea o la deforestación.

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Grupo Ronda

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