La manera en la que se previenen, diagnostican y tratan las enfermedades se transformará en los próximos años, si se cumplen las previsiones respecto a la implantación de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito de la salud. Aunque todavía se encuentra en una fase inicial, promete aumentar las capacidades humanas en cuanto a los diagnósticos precoces, la prevención de desastres naturales, el desarrollo de fármacos más eficaces y la mejoría de la salud mental, entre otras áreas. Cada 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año presta especial atención al impacto de la IA en el sector, poco tiempo después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) presente a Sarah, un avatar inteligente destinado a promover la salud.
Una de las principales ventajas de la IA es su capacidad para analizar ingentes volúmenes de datos a gran velocidad. Esta característica permitiría grandes avances en el ámbito de la personalización de los tratamientos médicos, con la consecuente mejoría de la atención sanitaria individualizada, pero el experto alerta del peligro de que suceda lo contrario. Insiste en la necesidad de no utilizarla como una sustituta del trabajo humano. “Esto es un riesgo en un sistema de salud como el nuestro, que ya está saturado, va un poco a la última, hay poco tiempo para hacer visitas, etcétera”, explica. Salvador Macip, catedrático de Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC),
